Siente, pero no te conviertas en tu emoción


Dicen que todos pasamos por crisis en nuestras vidas, unos las viven en su adolescencia otros cuando entran a la edad adulta y muchos a la hora de la vejez. Quizá muchos pasaremos por varias de ellas. Lo cierto, es que ninguna cuenta más que otra, ninguna es más fácil de sobrellevar.

A nuestra corta edad muchos creemos haber pasado por cientos de ellas, y puede que sí, puede que el cielo se nos cierre tantas veces que creamos que ya no hay salida. Sin embargo, tarde o temprano siempre llegan esos momentos de calidez que creímos jamás regresarían, para sacarnos, una vez más, de ese trance de oscuridad que parecía terminaría consumiéndonos.

Los momentos de vacío en nuestra vida, aunque suene fatalista, son de los más comunes. Y no hay manera alguna de prepararnos para ellos. Una serie de pensamientos y sensaciones que nublan nuestra vista, un enredo de emociones que no logramos comprender. Hablo por mí cuando digo que me cuesta, en verdad que lo hace, hablar de lo que siento.  A pesar de ser una persona sentimental que creerían suelta todo a la primera, no me es fácil hablar cuando en mi interior se están formando pequeños nudos que ni yo sé como deshacer.

Creer que nuestros complejos no son lo suficiente relevantes para ser escuchados es de los peores errores que cometemos en nuestra vida. La comunicación es la base para cualquier remedio, y la primera que hay que entablar es la comunicación con nuestro interior, que aunque suene de chiste es la más complicada. Aceptar cuando no estamos del todo bien y tomarnos un tiempo para tratar de entendernos, el necesario para sentirnos escuchados. Tenernos paciencia y seguir la rutina con la tranquilidad que nuestras emociones demandan.

Aprender a querer esos días es aprender a quererte un poquito más, es aceptarte cuando crees que nadie más lo haría, y apapacharte el doble porque si, porque te lo mereces. Me gusta pensar en esos días grises como la limpia que necesito para disfrutar de los más claros. Todo depende de nuestra reacción a lo que la vida nos ponga enfrente, no todo tiene que ser bueno, no todo tiene que ser malo; a veces, solo tienes que dejarlo ser.


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